A cara de perro eliminaste mis ladridos,
me encontraste, me empujaste,
y me obligaste a adoptarte,
siendo vos quien logró domesticarme.
Con tu correa en mi mano creaste lazos,
aquella soga hoy la atesoro como a un milagro,
y así cada vez que veo o ladra uno de tus amigos,
se convierten para mi en una especie de trigo.
Trigo que para un Zorro se volvió más agradable,
al recordarle los rizos dorados de un niño,
que lo domesticó, llenó su vida de sol,
y dió sentido al viento en los campos de trigo.
Y aunque hoy estoy sin tus ritos,
que fueron esenciales para cambiarme los días,
que son invisibles para la vista,
igual te saludo y te regalo este ladrido...
GUAU! GUAU! GUAU!
Gracias Coca por hacerme más "Animal".






